Warning: Trying to access array offset on value of type null in /mnt/volume-nyc1-01/xnforopo/public_html/wp-content/plugins/really-simple-facebook-twitter-share-buttons/really-simple-facebook-twitter-share-buttons.php on line 318
Por Vanesa Salgado, integrante del Foro por la Niñez, especialistas en Problemáticas Sociales Infanto Juveniles e Investigadora del Instituto Gino Germani de la UBA
En un mundo que presenta cada vez más zonas de hostilidad y peligros (climáticos, ambientales, económicos, sociales, bélicos) la oferta para ellos es de consumo: de sustancias, de tecnología y otros consumos que enriquecen a pocos y arrojan al dolor a las mayorías.
Cuando suceden hechos terribles como los de ayer en San Cristóbal (Santa Fe) se pone de manifiesto, se cristaliza en un segundo la desprotección, el padecimiento, la soledad de la cual los chicos y las chicas vienen hablándonos hace años, y en forma recurrente y agravada en la pos pandemia.
Según naciones Unidas a nivel mundial, se estima que 1 de cada 7 niños y adolescentes entre 10 y 19 años sufre algún trastorno de salud mental (se destacan depresión, ansiedad y problemas de conducta). Un tercio de las condiciones de salud mental comienzan antes de los 14 años, y la mitad antes de los 18, lo que refuerza la necesidad de detección temprana.
En América Latina y el Caribe, UNICEF estima que casi 16 millones de adolescentes de entre 10 y 19 años conviven con algún trastorno de salud mental.
En Argentina, de acuerdo con el informe “Análisis de la situación de la Niñez y la Adolescencia” de UNICEF Argentina, en 2024 el 9% de adolescentes de 13 a 17 años reportó sentirse deprimido, y el 13% angustiado.
La última Encuesta Mundial de Salud Escolar (2018) ya previo a la pandemia el 16,9% de las y los adolescentes refirió sentirse solo o sola “siempre o casi siempre” durante el último año, mientras que un 13,3% declaró haber estado tan preocupado o preocupada que ello le impidió dormir con igual frecuencia. Asimismo, un 5,6% manifestó no contar con amigos o amigas cercanas.
Los Entornos digitales agravan la ansiedad, producen adicción al consumo. Ya fallos internacionales demuestran que las empresas desarrollan plataformas para lucrar con la adicción de los más jóvenes.
En nuestro país solo el 14 % de niñas, niños y adolescentes declara contar con algún límite horario en el uso de dispositivos tecnológicos, y apenas el 11,8 % señala que sus actividades digitales son supervisadas de alguna manera. UNICEF en noviembre de 2025 registró que al menos el 40% de las y los adolescentes apostaron dinero en línea durante el último mes.
Otro tema recurrente de preocupación entre jóvenes es la presión que sienten por los contenidos que consumen en redes sociales, en un mundo caótico las redes te venden y exigen cumplir estándares hegemónicos de vida, esto según los especialistas generar angustia.

Los chicos nos están hablando
En 2025 UNICEF alertó un aumento significativo de preocupación en las y los adolescentes: la violencia (+83 %), los problemas de salud mental (+49 %), la discriminación (+37 %) y el consumo de drogas (+30 %) presentan incrementos relevantes respecto de 2024. Estos fenómenos se interrelacionan con los entornos digitales y pueden verse amplificados en contextos de uso no acompañado o problemático.
La salud mental esta desatendida y desfinanciada.
Según estimaciones de FUNDAR el promedio nacional de especialistas en psiquiatría infanto-juvenil es de apenas 0,24 por establecimiento, y en 16 provincias la tasa es inferior a 0,1 especialistas por dispositivo. Esta escasez impacta en la disponibilidad de guardias específicas y en la continuidad de los tratamientos.
Además, la respuesta al malestar en salud mental de niñas, niños y adolescentes no debe reducirse a la disponibilidad de especialistas clínicos.
La evidencia y las propias voces de los y las adolescentes señalan que lo que se necesita son dispositivos territoriales, comunitarios e intersectoriales, como espacios de escucha, acompañamiento, arte, deporte, cultura, que aborden a su vez los determinantes sociales de los padecimientos y no solo sus expresiones clínicas.
En 2023 sólo el 4,1% del presupuesto nacional en salud fue asignado a salud mental, lo que evidencia una baja priorización relativa de este campo dentro del gasto sanitario. La situación es aún más crítica en lo que respecta a niñas, niños y adolescentes. Del total del presupuesto destinado a salud mental, apenas el 0,4% correspondió a intervenciones orientadas a adolescentes, lo que equivale a sólo el 9,2% del gasto total en salud mental. Esta asignación resulta claramente insuficiente frente a la magnitud y complejidad de las demandas en salud mental.
Ley Nacional de Salud Mental N.º 26.657 establece que al menos el 10% del presupuesto total de salud debería destinarse a salud mental.
NO ES MAS CARCEL NI AMENAZAS de CASTIGO lo que va a mejorar la convivencia, es más cuidado, más oportunidades, más prevención, más acompañamiento.
El Estado nacional y los estados provinciales deben garantizar los presupuestos y las políticas de prevención y atención de la salud integral, incluyendo la salud mental de las niñas, niños y adolescentes.


