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Pibes “devueltos”: La otra cara de la adopción

Adoptar representa una alternativa extrema en la búsqueda de un desarrollo mejor para el niño o niña para evitar así un nuevo perjuicio, algo que muchas veces no ocurre a partir de la importante cantidad de adopciones que fracasan y de las que casi no se tiene información oficial.

Directores de distintos hogares pueden dar cuenta de una situación muy cruel. Hay casos de chicos que han sido “devueltos” hasta más de dos veces por sus diferentes adoptantes al no poder hacer frente a la tarea parental y carecer de apoyo eficaz por parte del Estado.

En el Hogar Don Bosco de La Plata, por caso, hubo cinco chicos “devueltos” en los últimos años. El caso más grave es el de una pareja de hermanos –una nena y un nene–, que estuvieron en un proceso de guarda, sin adopción plena, durante ocho años.

Después de todo ese tiempo, la pareja decidió que “no estaba en condiciones de tenerlos”: el niño tenía un problema psiquiátrico y la nena un pequeño retraso mental. “Existían dificultades, pero todo era controlable con la medicación adecuada sumada a la atención con psicólogos y psiquiatras”, explica el director del hogar, Gustavo García.

La recesión del procedimiento de adopción que tuvo lugar en 2012 encontró a la niña con 13 años y al niño con 11. Según cuenta García, la jueza intentó modificar hasta último momento esa voluntad por parte de la pareja, pero no lo logró y un día los chicos quedaron en un pasillo de Tribunales.

Luego, todo fue traumático. Los niños no se acostumbraron a la nueva situación; querían estar con “sus padres”. El varón se escapó alrededor de diez veces para ir desde La Plata hasta Pilar, donde vivía, pero en cada oportunidad sus ahora ex adoptantes “los devolvían”.

Incluso, llegó a llevarse del Hogar chicos más pequeños para torcer esa decisión de los adultos con los de menor edad, aquellos privilegiados al momento de pensarse en una adopción. Pero eso causaba que los otros chicos quedaran luego abandonados al no animarse a seguir. Quienes quedaban a la deriva pedían ayuda a tal punto que en uno de los casos la Policía Federal llevó a uno de los chicos desde Retiro hasta La Plata.

La nueva etapa terminó tras el último “escape”. Sus ex adoptantes llevaron al niño a La Plata, como tantas otras veces. Pero él no se animó a salir del automóvil, se tiró en el asiento y gritó varias veces que quería ir a “su casa” con “sus padres” mientras su hermana paraba micros para regresar a zona norte. Hasta que la situación se pudo controlar, el hombre se mostró preocupado, pero el daño ya estaba hecho. Hoy, la nena está con otra familia y, el niño en otro hogar.

 

adopciónpciaNo es el único caso. El director del Don Bosco tuvo que hacer frente a la situación de un chico al que dieron en adopción tres veces y las tres lo devolvieron, aunque por períodos cortos. A su vez, hace poco recibió otra pareja de hermanos, una nena de 6 y un nene de 4 años “devueltos” luego de unos meses y que venían de haber estado antes en otro hogar por cinco años

En ambos casos las adopciones fracasaron por la “hiperactividad” de los niños. Las expectativas de los adoptantes que muchas veces no coinciden con la realidad sumadas a la falta de apoyo estatal inciden en esta situación.“Cuando uno va a adoptar un chico de 4 ó 5 años, ya tiene un montón de cosas incorporadas. No nació ese día. Pero, para muchos adoptantes sí lo hizo. Quizá ya no buscan rubios y de ojos celestes, pero sí que sean perfectos, que les vaya bien en la escuela y que tengan buena conducta. No quieren complicaciones y eso es una idea equivocada de la paternidad”, apunta García.

En medio de eso, quedan los niños con las marcas que deja haber sido rechazado no sólo por una familia adoptante, sino, en algún punto, por la biológica también. Como explica el director del hogar Don Bosco, al ser grandes los chicos saben que sus padres desistieron de tenerlos, por más que hubiera causas económicas o de cualquier tipo que los pudiera justificar.

En ese sentido, la referente de la Fundación Pelota, Laura Taffetani, persiste en la idea de que la adopción está pensada para “expropiar” chicos y considera que la política que se direcciona desde el Estado en este asunto representa un “ataque concreto” a las familias que tienen di­ficultades.

“Hoy no cuentan con programas que los ayuden en la crianza o con herramientas que les permitan proteger a sus hijos. La adopción así excluye de la crianza a las familias de origen”, señala. Sobre esa base, Taffetani advierte que en el proceso de adopción se han dado varios casos en los que se separa a los grupos de hermanos: los bebés y los más chicos son los que rápidamente se van con otras familias, mientras que los más grandes, no, y la ruptura de ese vínculo “es un perjuicio muy serio”.

Queda claro que la adopción no escapa al conjunto de la política pública que se establece tanto desde el gobierno nacional, el provincial, o el municipal. La falta de aplicación plena del Sistema de Promoción y Protección de Derechos impacta hoy de un modo negativo y se hace necesario debatir sobre la cuestión para estar atentos en defensa de los derechos de la infancia.

Diego Ezequiel Sanchez

 

Publicado en la edición impresa de Primer Tiempo de diciembre de 2013

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