Hasperué: “La violencia no empieza en la calle”

La coordinadora nacional del Foro por la Niñez y secretaria de DDHH de la CTA Autónoma bonaerense aporta al debate elementos para reflexionar sobre el ataque violento sufrido por trabajadoras travestis – trans

Lo ocurrido en los bosques de Palermo, donde un grupo de jóvenes agredió a trabajadoras de la comunidad trans, nos obliga a reflexionar sobre las múltiples formas de violencia que atraviesan nuestra sociedad. Por supuesto, debemos repudiar esta agresión y acompañar a quienes fueron víctimas de ella. Pero hay una pregunta que está ausente de muchos de los debates que circulan respecto al tema: ¿qué está pasando con nuestros pibes para que algunos de ellos se sumen a ejercer esa violencia?

Tanto la comunidad trans como estos jóvenes son víctimas de una sociedad de la delación, del odio y de la violencia. Una sociedad que enseguida necesita identificar con nombre y apellido, individualizar el problema y señalar al agresor, pero que pierde de vista el contexto en el que estos hechos se producen.

No se trata de justificar las agresiones ni de quitar responsabilidades. Se trata de ampliar la mirada. Si unimos las cifras y pensamos en la situación que atraviesan las niñeces y las juventudes en la Argentina, quizás podamos construir una reflexión más profunda y madura sobre lo que está ocurriendo.

El mundo adulto tiene que dejar de mirarse el ombligo y empezar a responsabilizarse por la sociedad que estamos construyendo. Tenemos que identificar las violencias a tiempo, empezando por aquellas que tienen mayor responsabilidad: las que vienen desde el poder.

No es un dato menor que sea el propio presidente de la Nación quien estigmatice y criminalice a distintos colectivos. Tampoco es un dato menor que se haya aprobado una ley que baja la edad de punibilidad a los 14 años. No es ingenuo ni casual que se estigmatice a las juventudes y se las responsabilice por violencias que vienen de mucho más arriba y de mucho más atrás.

Cuando desde los lugares de poder se promueven discursos de odio, se señala a determinados sectores como enemigos y se habilita la violencia contra quienes piensan, viven o sienten diferente, estamos construyendo una sociedad donde parece que todo vale. Después nos sorprendemos cuando esas violencias aparecen en nuestras calles y se reproducen entre quienes también son víctimas de ese mismo contexto.

Por eso, es fundamental que dejemos de enfrentar a los sectores más vulnerados entre sí. Tenemos que defender a la comunidad trans frente a las agresiones y, al mismo tiempo, preguntarnos qué está pasando con nuestros pibes, qué demandas no estamos escuchando, qué derechos les estamos negando y qué respuestas estamos dejando de darles. No podemos esperar a que sea demasiado tarde.

Necesitamos construir sociedades más pacíficas, pero eso no se consigue solamente condenando los hechos cuando ya ocurrieron. Hace falta trabajar sobre las causas, garantizar derechos, atender las demandas de las niñeces y juventudes y poner límites a los discursos que promueven el odio y la deshumanización.

También tenemos una responsabilidad política. No podemos seguir habilitando y dándoles poder a quienes nos llevan a vivir en una sociedad de todos contra todos. Tenemos que cambiar el rumbo, también a través de nuestras decisiones colectivas y electorales.

La violencia no empieza cuando un grupo de pibes sale a la calle a agredir a otras personas. Empieza mucho antes, cuando se naturaliza el odio, cuando se estigmatiza desde el poder y cuando como sociedad dejamos de hacernos cargo de lo que les pasa a nuestras niñeces y juventudes.